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Declaración obvia: la pandemia fue estresante para todos. Menos obvia: ¿qué efectos tuvo el estrés crónico durante varios años en nuestro cerebro?
Para los adolescentes, parece que los envejeció considerablemente.
Cuando somos adolescentes, nuestro hipocampo (centro de la memoria) y nuestra amígdala (centro de amenazas) crecen naturalmente, y los tejidos de nuestra corteza (centro de funciones ejecutivas) se adelgazan naturalmente.
Este proceso se aceleró varios años en una cohorte de 163 adolescentes observados por investigadores mientras vivían los confinamientos por la COVID-19.
“Ya sabíamos por investigaciones globales que la pandemia afectaba negativamente la salud mental de los jóvenes, pero hasta ahora no sabíamos qué efectos físicos tenía, si es que tenía alguno, en sus cerebros”, lamenta Ian Gotlib, uno de los investigadores.
Dado que los informes de ansiedad y depresión han aumentado más de un 25% en relación con los años anteriores a la pandemia, los hallazgos no son especialmente impactantes, sino más bien preocupantes.
"No está claro si los cambios son permanentes", afirma Goflib. No sabemos si la edad cronológica alcanzará la edad cerebral. No sabemos si surgirán problemas de memoria o cognitivos. No sabemos mucho desde una perspectiva longitudinal.
Los investigadores continuarán estudiando de cerca a esta generación para llenar los vacíos, pero mientras tanto, trate de minimizar los factores estresantes crónicos (violencia, negligencia, disfunción, etc.) en su propia vida y en las vidas de quienes lo rodean; hacerlo nunca ha sido más crítico.
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